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Jugando con la boca y una peque buscando hogar

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Una de las consultas habituales en la Escuela de Cachorros es qué hacer cuando nos muerde jugando. La boca es el instrumento principal de relación del animal con el medio. Todo es inspeccionado a mordiscos y lametones.

Si el cachorro ha tenido la gran suerte de criarse con su madre y hermanos hasta los dos meses y medio o tres, habrá aprendido a controlar la fuerza de sus mandíbulas de forma natural.

Si no es así, cuando te muerda las manos o las piernas, un chillido agudo muy fuerte y seco será suficiente para que interprete que te ha hecho daño y que ahí está tu límite.

Automáticamente después, deja de jugar con el animal durante unos segundos y luego redirige a uno de sus juguetes. De este modo, enseñándole en su propio lenguaje, el cachorro pronto aprende que se tiene que ceñir a las reglas para que haya juego.

La protagonista de hoy es África, un cruce de pastor alemán con labrador de 3 meses. Esta pequeña preciosidad, busca casa. Es muy tranquila y sociable con perros y personas. Y a pesar de lo pequeñita que es, ya sabe hacer sus necesidades fuera de casa.

Si te animas a adoptar, escribe a dan.asociacion@gmail.com ó si eres de Madrid y para adopciones Internacionales escribe a dan.asociacion.madrid@gmail.com

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Los gatos y el calor

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Que los gatos buscan lugares calentitos es algo conocido por todos los que vivimos con ellos. En la foto, Odín nos descubre su nueva “camita”.

En realidad, lo que hacen los gatos es buscar los sitios más soleados, los más calentitos, para echarse sus largas siestas porque de esta forma el calor del sol equilibra la pérdida de temperatura corporal de su organismo cuando duermen.

Odín tiene dos añitos y está en acogida a la espera de un hogar definitivo. Es un gatazo grande y divertido que está todo el rato pendiente de ti.

http://www.esperanzafelina.com/

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Acicalándose….

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Que los gatos se acicalan es algo sabido por todos los que convivimos con ellos. Que además, siguen una rutina específica y siempre el mismo orden para hacerlo, lo saben menos personas. Uno de los indicativos de que nuestro gato no se encuentra bien es, precisamente, que deja de acicalarse, el pelo se vuelve opaco y se apelmaza.

Cuando se acicalan, ya sea a ellos mismos , a otros gatos o a nosotros mismos, utilizan la lengua que dispone de una serie de papilas en forma de gancho para facilitar la tarea. Al hacerlo, ingiere pelo, que luego se mezcla con la comida en el estómago, formando bolas, denominadas bezoares. Cuando son pequeñas, son expulsadas con el vómito.

Una de las formas de evitarlo consiste en cepillarle el pelo todos los días, más aún si son gatos de pelaje largo. Dispensarles malta una o dos veces a la semana, también ayuda a la expulsión de estas bolas por vía digestiva.

Hoy os presento la iniciativa de un grupo de personas que tratan de ayudar a los gatos callejeros de Logroño.

Se llama Asociación Aruna y tiene unos cuantos peques en acogida que, por carácter, no pueden volver a la calle pues son extremadamente cariñosos. La prota de hoy es esta preciosa gata muy cariñosa y jovencita que está deseando irse a una casa definitiva. Se entrega esterilizada y con contrato de adopción.

arunavalara@hotmail.com

http://protectoraanimalesaruna.jimdo.com/

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Lazos amarillos y Mar buscando hogar

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Si de forma habitual, es importante respetar el espacio de cada ser vivo, sea animal o persona, en aquellos casos de perros con miedos o que se hallan trabajando en la rehabilitación de alguna conducta inapropiada, se hace aún más imprescindible. Si ves un lazo amarillo, deja que el animal siga su camino con su guía. Todos saldremos ganando!

http://theyellowdogproject.com/

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Hoy os pido máxima difusión para los acogidos de Asociación Defensa Animal del Norte (DAN). Podéis conocerlos a todos aquí:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.2395017732967.68527.1776688754&type=1

Si quieres ayudar acogiendo o adoptando, escribe a dan.asociacion@gmail.com  o si eres de Madrid y para Adopciones Internacionales dan.asociacion.madrid@gmail.com

Mar, la prota de hoy, salió de la perrera en Abril pero su adopción se cayó y ahora está en residencia a la espera de un hogar.  Es una podenca tamaño mediano-grande de 1.5 años, super sociable con personas, otros perros y gatos.

(60 cm al lomo y 72 cm a la cabeza)

Buena y cariñosa como ninguna!! Si te animas escribe a dan.asociacion@gmail.com   

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Conducta de eliminación

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Una de las consultas que más se repiten en la Escuela de Cachorros es cómo enseñarle a ser limpio.

Un cachorro en muchos casos no es capaz de controlar los esfínteres por completo hasta los siete meses (algunos lo hacen antes), así que es inútil que le riñas cuando orine o defeque en un lugar inapropiado.

Para evitar que vuelva a hacerlo en el mismo sitio, nunca lo limpies con lejía o amoníaco, ya que el olor les incita. Un detergente anti-bacterias será suficiente para la desinfección, mientras que un poco de vinagre o limón, eliminará cualquier rastro olfativo.

Crea rutinas de comida y paseo y supervisa al cachorro para poder detectar el menor signo de agitación. Normalmente, el cachorro elimina a los 10-15 minutos de despertar y tras las ingestas de comida por lo que esos serán los momentos adecuados para estimular la eliminación en los lugares designados.

Enseñando al cachorro (método del papel de periódico)

• Cubre todo el suelo del área elegida con papeles de periódico.

• Puedes ayudarte vertiendo sobre el periódico unas gotitas de lejía para que se sienta motivado a hacerlo en ese lugar.

• Poco a poco ve quitando papeles de periódico, muy gradualmente, hasta que solamente quede una hoja.

• Cuando veas que está habituado a hacerlo solamente en esa hoja, lo sacas a la calle con la hoja.

• Coloca la hoja de papel en el suelo y espera a que haga pipí o caca en ella. En ese momento prémiale con una golosina muy especial, que será utilizada solamente en esta circunstancia.

Prémiale si lo hace bien e incentiva el comportamiento positivo. Lo aprenderá como un hábito más para toda su vida.

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Homenaje a Gordo y Gatín

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Mayo está siendo un mes duro. En veinte días se han ido mis dos primeros gatos, Gordo y Gatín que llevaban conmigo toda su vida. Gordo acababa de cumplir 13 años y Gatín, que se marchó de mi lado unos días antes, tenía once.

Han sido especiales y han marcado un antes y un después en mi relación con los animales, enseñándome a ser cómo soy y a hacer de mi pasión, mi profesión aprendiendo cada día con ellos, desde la humildad, el cariño y el respeto.

Hoy les dedico este pequeño homenaje con todo mi cariño y mi sentimiento. Os voy a echar muchísimo de menos pequeños!!!

Los perros tiran de la correa principalmente por

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Los perros tiran de la correa principalmente por dos motivos… porque nosotros les seguimos y porque su paso natural es muchísimo más rápido que el nuestro. 

Cuando paseamos con un perro con la correa en tensión, fomentamos que el perro tire de la correa con más fuerza aún. El perro encuentra refuerzo cada vez que tira, puesto que llega antes al lugar que le interesa y nosotros le seguimos. El perro aprende que tirando, se consigue el objetivo así que tira de la correa porque puede y porque nosotros estamos detrás… 

Si la correa está tensa, esa tensión se trasmite de forma directa y muy rápida al perro. Cuando el propietario ve un perro, en previsión de la reacción de su animal, puede tensarse y tirar de la correa, aún insconscientemente, provocando efectivamente que el perro se ponga nervisoso.  

En este punto, gana importancia el tipo de collar utilizado para enseñar a pasear sin tensión. Los collares de pinchos o de ahogo no son la solución. Hacen daño y, su uso, provoca que el perro asocie los tirones y el dolor, con lo que tiene delante (ya sea otro perro, una persona o incluso un niño). Ante el temor del tirón por parte del perro, se suele cortar correa y tirar del perro hacia atrás, provocando tensión y dolor en el animal. 

El dolor, a fuerza de repeticiones, se asocia con lo que el perro tiene enfrente. Los nervios del propietario también provocan que el perro esté “preparado” ante lo que puede venir. Si en presencia de otros perros, el propietario le hace daño al animal, muy pronto la asociación que va a aprender el perro es: “otros perros, dolor”. La situación se tensa y, en esa espiral de emociones, es difícil enseñar y trabajar. 

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 El perro pronto se acostumbra al dolor y a seguir tirando. Bajo la premisa de que el cuello del perro es más fuerte y aguanta, permitimos que el animal se inmunice ante el daño.

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Un perro no aprende a dejar de tirar de la correa, causándole dolor. Un perro aprende a pasear sin tensión, enseñándole de una forma adecuada.  

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Un buen equipo de paseo compuesto por un collar cómodo y ancho o un arnés antitiro, una correa de paseo larga, en torno a los dos metros, una bolsa repleta de premios a gusto de nuestro perro (salchicha, queso…) y una gran dosis de paciencia son los componentes ideales de un buen punto de partida para enseñar a caminar sin tensión. 

Empieza en casa, practicando la mirada (llamas a tu perro, buscas su mirada y premias). En este entorno las distracciones son mínimas y el animal es capaz de concentrarse. Si empezamos trabajando en el parque donde hay muchos estímulos, es más que probable que nuestro perro encuentre interesante todo, menos a nosotros. 

Elige un sonido o una palabra corta (el sonido que se produce al chasquear los labios me gusta mucho) y úsalo siempre que le llames. Informa siempre a tu perro de lo que esperas de él. En caso contrario, lo despistarás y no querrá participar del juego. 

Cuando estés seguro de que el perro responde bien, comienza a caminar cambiando la dirección, 3 ó 4 veces seguidas. Llama primero mediante el sonido, camina y, en cuanto el perro mire en tu dirección, felicítalo, usa el sonido elegido de nuevo y repite el proceso. Recuerda que debes premiar con comida el que vaya a tu lado, no el que se gire. 

Un vez que hemos conseguido que esté pendiente de nosotros y es capaz también de girar a nuestro paso en movimiento, empezaremos a trabajar que no tire de la correa. Para ello echamos a andar y, en cuanto haya tensión en la correa, paramos. Es una especie de semáforo verde-semáforo rojo en función de si tira o relaja la tensión de la correa. Normalmente, el perro vuelve a nosotros pasados unos segundos. Si el perro no decide volver por sí mismo, usamos nuestro sonido especial. En cuanto el perro se vuelve hacia nosotros y cesa la tensión en la correa, felicitamos al perro y premiamos. Repetimos el proceso. 

Para que el perro no pierda el interés, empieza con sesiones cortas de unos 10 minutos para luego ir alargándolas. Es mejor hacer varias sesiones al día muy cortitas, que una muy larga de media hora. Termina siempre con algo que el perro sepa hacer muy bien y premia para que se quede con ganas de más. 

El proceso de aprendizaje tiene que ser divertido para ambos. Disfruta de cada paso y avance y no pares nunca de practicar.

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