Hay ocasiones en que nuestros perros y gatos de casa pueden mostrar comportamientos extraños e inadecuados y, no necesariamente, se tratan de temas de conducta. Antes de alarmarnos ante el cambio de carácter de nuestro peludo, y pensar que se ha vuelto “rebelde” o ponerle la etiqueta de “desobediente”, debemos preguntarnos si todo va bien.

 

Es decir, antes de preocuparnos por temas de comportamiento, debemos asegurarnos de que físicamente todo está en orden. El dolor o las molestias en espalda, patas, boca… etc., pueden ser la señal de que algo no funciona y se manifiestan a través de cambios de conducta, ya que ellos no tienen otro medio de indicarnos que algo va mal.

 

Nuestro animal no sabe hablar y, es nuestra obligación estar atentos a estos indicios. El profesional encargado de velar por la salud de nuestro mejor amigo es el veterinario y el único que puede diagnosticar el problema y recetar los medicamentos más adecuados, en cada caso. Los síntomas más comunes que indican malestar o dolor, a los que debemos estar atentos y que deben ser revisados por el veterinario son:

 

– Apatía, falta de ganas de jugar o de hacer ejercicio, de saltar…

– Menor apetito o si solo admite comida blanda o de grano pequeño.

– Mayor apetito y/o sed

– Eliminación inadecuada cuando ya tenía el hábito adquirido

– Cojeras

– Rigidez

– Posturas anormales

– Mirarse o mordisquearse una zona concreta del cuerpo, dolor evidente al tocarle la piel.

– Debilidad en las patas traseras o delanteras

– Contracturas musculares y limitación del movimiento

– Quejarse y vocalizar (ladrar o maullar) al hacer determinados movimientos…

 

Descartados los problemas orgánicos, el educador se encargará de poner las pautas más adecuadas en cada caso para que el propietario y el animal trabajen juntos en la solución de cada caso.

 

Imagen: http://goo.gl/jg8ALu

 

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