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Cuando nos dejan para siempre

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Muchas personas se sorprenden ante las emociones que afloran tras la muerte de un compañero de cuatro patas, de un perro. En estos momentos, vale la pena recordar que nuestro perro era parte de nuestra vida, de nuestra rutina y de nuestro hogar. Además del cariño que llegamos a sentir por él, era familia, amigo y compañero.

 

A menudo, no somos conscientes pero, no sólo pasamos duelo por el animal, sino también lloramos la pérdida de esa época especial de nuestra vida, de todo lo que nos ha dado durante ese tiempo y de los lazos que ayudó a crear con otras personas y animales, que se han convertido en importantes para nosotros.
Los recuerdos agradables son muchos y los buenos momentos compartidos estarán ahí siempre. Con el tiempo, la sensación gris desaparecerá, dejando paso a la calma que produce la memoria tranquila de nuestro querido amigo peludo. Hoy este post, se lo dedicamos a Andy, con esta imagen de nuestros primeros pasos allá por 2014

 

Te echaremos de menos Andy….

 

https://www.perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/cuando-muere-nuestro-perro/

 

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Llamando a tu perro…

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Una situación que se repite frecuentemente se da cuando llamamos a nuestro perro en la distancia, para que vuelva a nuestro lado, sin indicar claramente qué esperamos de él. Solemos repetir su nombre muchas veces y el perro incluso nos mira esperando algo más… La respuesta lógica de todo perro al oír su nombre será girarse para averiguar qué queremos de él. La pena es que muchas veces se nos olvida decírselo y los perros, al igual que nos ocurre a nosotros, no saben leer nuestras mentes. No vale decir “Bicho”, “Bicho” diez veces en diferentes tonos si realmente no le estamos informando de lo que queremos de él ,que es “Bicho aquí”. Si desaprovechamos ocasiones para afianzar la llamada, pronto nuestro perro descubrirá que es más productivo estar a otras cosas (al fín y al cabo, te está escuchando como voz de fondo y sabe que estás ahí).

Otro error común es utilizar diferentes palabras para un mismo fin: Ven, vamos, aquí, que te he dicho que vengas, o el famoso “toma”.…. Con lo que terminamos confundiendo cada vez más a nuestro perro al tiempo que nosotros nos vamos enfadando progresivamente ante su aparente “desobediencia”. El resultado suele ser que el perro aún tarda más en venir porque nota que estamos alterados y cuando lo hace, lo suele hacer mostrando señales de apaciguamiento para intentar relajar una situación que no controla (se lame, viene agachado y despacito, gira la cabeza….) señales que nosotros confundimos con arrepentimiento por parte del perro por haberse “portado mal”.

La comunicación entre perro y propietario es vital y debemos cuidarla. Muchas veces se rompe por culpa nuestra por no haber puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes.

El sábado 8 de Abril aprendemos juntos en una nueva edición de nuestro Taller Paseo y Llamada.

https://www.perrygatos.es/perros/paseo-y-llamada/

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Mirada, foco y atención

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Este es un tema que, demasiadas veces pasa desapercibido pero que me gusta trabajar con cada persona que llega a las clases por primera vez con su perro, pero también antes de cada sesión como una forma de “calentar”, prepararnos y preparar al animal antes de entrar en acción.

 

Olvidamos empezar de forma amable, centrando la atención del que tienes enfrente (en este caso el perro) en nosotros. Porque si nos despojamos de todo lo demás (chucherías, comida, juguetes….) solo queda nuestra persona, la relación (buena o  menos buena que hayamos logrado forjar con nuestro perro) y el poder de la mirada y de todo lo que implica…. No cuesta nada “avisar” al animal de que vamos a hacer algo juntos. Una sencilla palabra (“¿preparado?”) basta para ponerlo en antecedentes

 

Y sobre todo, focalizar la mirada….  Porque la mirada es una de las conductas que más debemos reforzar en nuestro perro. Un perro que no nos mira, difícilmente va a atender nuestras peticiones pues cualquier cosa es mucho más llamativa que nosotros….

 

No es difícil pero requiere de práctica y, cuando nos convertimos en el foco de atención de nuestro perro… empieza la magia.

 

Seguro que, llegados a este punto, también te habrás fijado en que tu perro sonríe cuando está feliz…  Si la relación es buena, se mostrará relajado, atento, centrado y trabajará a nuestro lado, durante más tiempo.

 

Diversos estudios demuestran que, los perros, cuentan con las mismas estructuras y hormonas, experimentan los mismos cambios químicos que nosotros (aunque en un estado de madurez temprano), y son capaces de sentir las mismas emociones básicas que un niño de dos años como afecto, felicidad, tristeza, miedo, sorpresa, timidez, desconfianza, aversión, alegría, angustia, excitación… pero no pueden procesar emociones sociales más complejas como el orgullo o la vergüenza.

 

Y tu perro…. ¿Te mira, se queda contigo y también sonríe?

 

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Aprendiendo con mi perro

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En esto de tener un perro, tan importante es que el animal aprenda a ser educado como que tú te conviertas en su mejor guía y aprendas a enseñarlo de la manera más correcta y disfrutando del proceso

 

Educar es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y en el mundo canino, en ocasiones, los roles se tornan y el humano se convierte en aprendiz. Cuando pasas mucho tiempo entre perros, aprendes a observar, a abrir la mente y a comprender su lenguaje para poder ayudarle. Los perros no son ajenos a ello y, si notan que eres capaz de leerles, se convierten en guías perfectos y en alumnos aventajados.

 

Aprender puede y debe ser un juego para tu perro, pues educarlo significa algo más que tú des órdenes y que él te obedezca. Básicamente porque, de entrada, no van a comprender tus palabras; Los perros son más visuales que nosotros y comprenden mejor los gestos, es decir, nuestro lenguaje corporal.

 

A eso, hay que añadir coherencia y buena disposición a la hora de compartir ese tiempo con el animal. A nadie le gusta que le griten cuando le piden las cosas y a los perros menos, pues tienen mejor oído que las personas.

 

http://perrygatos.es/art%C3%ADculos/colaboraciones-con-publicaciones/responsabilidad-compartida/

 

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Si tu perro pudiera elegir…..

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Si los perros pudieran elegir cómo les gustaría pasear, seguro que la mayoría elegían ir sueltos o, en su defecto, con arneses cómodos y correas que les dieran cierta libertad y la posibilidad de tomar algunas decisiones como ir a olisquear, coger cierta distancia de nosotros para hacer sus necesidades, evitar un encuentro que no le agrada…. Las correas largas me gustan. Dotan de autonomía al perro para ejercer como tal, a la vez que seguridad al guía al cumplir con la normativa de llevar al animal sujeto y evitar accidentes en el caso de perros miedosos, recién llegados a la familia, con una llamada poco fiable o con los que estamos empezando a trabajar en zonas abiertas.

 

Al hilo de una sesión donde hemos recuperado la correa larga para trabajar con un perrete joven que está aprendiendo a acudir a la llamada en zonas abiertas, hoy recupero un post con una propuesta de juego para aprovechar la tarde…

 

http://perrygatos.blogspot.com.es/2015/09/jugando-con-nuestro-perro-practicar-la.html

 

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La importancia de una buena relación con tu perro

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Tu perro, te busca; Necesita tu referencia y tu guía. Si no somos capaces de encontrar el modo de establecer una relación sólida, basada en el respeto y en el cariño, él la buscará en otro lado (Otras personas o los perros del parque por ejemplo).

 

Las relaciones entre perro y persona, se deben basar fundamentalmente en el afecto (al fin y al cabo, hemos elegido tener perro), además de otras cosas como alimento y cobijo a las que se les suele dar preponderancia, en detrimento precisamente del vínculo que es, justo aquello que marca la diferencia.

 

Un ejemplo claro está en la práctica de cualquier habilidad. Cuando tratamos de enseñarle algo nuevo, solemos recurrir a los premios de comida porque son fáciles y atractivos.

 

Eso no quiere decir que si enseñamos al perro, usando premios, conseguiremos un animal egoísta que únicamente trabaje en función de la posible recompensa. Las relaciones son mucho más complicadas y el perro puede empezar cogiendo confianza con el bocadito de premio pero, si el vínculo y la complicidad existen, la comida pronto pasa a un segundo plano y queda reservada para nuevas habilidades. Al fin y al cabo, a todos nos gusta aprender cosas nuevas.

 

Está más que demostrado que los premios y felicitaciones generan, en todos los seres vivos, un estado emocional positivo que predispone a la cooperación, aumenta la motivación e, incluso, puede cambiar la percepción negativa o de miedo frente a algo.

 

Por poner un ejemplo, es difícil que un perro se enfrente con éxito la primera vez al ejercicio de pasar por un tubo de agility o una pasarela, sobre todo si son perros con componente de miedos (adultos que nunca han practicado, perros rescatados de perreras y aquellos con antecedentes de maltrato). Aunque vean el otro lado, el cambio de superficie y la sensación de estar rodeado, causa miedo. Si el animal confía en su propietario, es mucho más rápido que aprenda a enfrentarse a su temor y consiga superarlo. Si reforzamos esa conducta con un premio de comida o una felicitación, estamos generando entusiasmo al perro para volverlo a intentar.

 

Este tipo de actitud es esencial cuando queremos generar nuevas conductas apropiadas reforzando la relación, disfrutando de cada avance y, sobre todo, evitando miedos innecesarios.

 

Cuando la relación es armoniosa y se establece la necesaria complicidad entre perro y persona, cada uno intentará ajustarse, en la manera de lo posible, a la forma de ser del otro, disfrutando plenamente de cada paso.

 

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Perros saturados…. Acción y reacción.

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Cuando un perro que conocemos de sobra, muestra un comportamiento inadecuado en un momento determinado, debemos parar a pensar qué parte de responsabilidad es del perro y qué parte nos corresponde a nosotros. Lo que vemos en esa situación, es una “foto”, una instantánea que no aporta más información que lo que tenemos delante. Nos suele pillar por sorpresa y, por ello, nos ponernos nerviosos y tendemos a reaccionar de forma aún más exagerada que nuestro perro.

 

Llegados a ese punto, en vez de gritar al perro, lo mejor es sacarlo de la situación (por su seguridad y la seguridad de los otros) y realizar un trabajo de reducción de estrés para recuperar cierta estabilidad emocional. Los juegos de pensar (deductivos) y de olfateo vienen genial pues los centra en una tarea concreta, que exige de su atención en un objetivo certero y alcanzable. En ciertas ocasiones y, en función del tipo de reacción que haya mostrado, es bueno que pueda retomar, en un plazo breve de tiempo, la relación que se acaba de viciar con el otro perro o persona, de forma tranquila y serena a través de un paseo relajante o una actividad grupal de baja intensidad de forma que vuelva el “buen rollo”.

 

Recuperado nuestro perro, es el momento de hacer examen de conciencia y revisar las razones que han llevado al animal a llegar a ese punto (ladrar de forma nerviosa, gruñir a un perro o persona extraña o, incluso redirigir tensión abalanzándose hacia delante de forma ciega, con la intención de ganar espacio propio cuando lo veía perdido) incidiendo en la parte que nos corresponde como guías y responsables de nuestro perro.

 

Solemos pasar inadvertidos los aciertos de nuestro perro (las buenas conductas y la falta de conductas o estados de calma) en la mayoría de las ocasiones, poniendo el foco, única o casi exclusivamente, en los fallos y equivocaciones, felicitando poco y corrigiendo por exceso. Exigimos de más y reforzamos de menos. Y con refuerzo no solo nos referimos a comida puesto que, la motivación social de un perro por compartir tiempo con el guía, aprender y hacer, es en ocasiones, mucho más poderosa que un simple trozo de salchicha.

 

Quizá si lo pensamos detenidamente, le hemos fallado a nuestro perro: Hemos dedicado menos tiempo de calidad a la relación, hemos reducido tiempo de ocio a cambio de un exceso de obligaciones (o simplemente hemos reducido tiempo con el animal sin darle una alternativa a cambio más allá de aburrirse a solas); Hemos podido llevar al perro, a una situación límite, exigiendo más de lo que era capaz, sobreentrenando y/o sobreestimulando, confundiendo y mezclando tipos de entrenamiento (que nosotros podemos llegar a distinguir pero igual a nuestro perro, le puede costar más adaptarse).

 

En muchos casos, estiramos y estiramos hasta que, además del cuerpo, el cerebro del animal está agotado y reacciona de forma instintiva en modo alerta. Pura supervivencia

 

Por eso, si tu perro, al que conoces de sobra, reacciona de forma excesiva, haz examen de conciencia, busca posibles causas y pon soluciones para recuperar la confianza y la relación con tu amigo de cuatro patas. Disfruta de la relación y haz que cada actividad que compartes con tu perro, cuente para ambos.

 

Imagen: http://goo.gl/n9ZoRC

 

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